Relato: Sí, sí soy una perra





Relato: Sí, sí soy una perra

Hola estimados Lectores:


Me reporto con ustedes de nueva cuenta. Se acuerdan de mí?
Soy Maricarmen, su amiga. La de la serie: "¿Seré una perra?".



Me alejé tanto tiempo de ustedes por motivos de fuerza mayor.
Primero hubo graves problemas con mi Viejo, Mi Amorcito. Me mandó al hospital.
Me puso una santa madriza por andarle haciendo de chivo los tamales. Me pescó en
una movida con otro y como no es de esos a los que se les pueda engañar sin
consecuencias, me puso un chinga, casi me mata. Pasé casi un mes internada. Ya
ni supe de él. Ni se preocupó por ir a visitarme. Se me hace que ya lo perdí. Yo
lo voy a buscar, lo extraño. A ver si no me vuelve a madrear... pero no quiero
que me deje. Yo tuve la culpa, lo reconozco. Aunque él mismo me ha traído
hombres para gozar, no soporta el engaño. Empezando porque no tiene caso
engañarlo, ¿para qué? y tiene razón. Ojalá me perdone, porque yo no sé vivir sin
él.



Es que se me perdió casi dos meses después de un pleito que
tuvimos, y yo andaba muy necesitada de amor. Me fui de copas con unos compañeros
del trabajo y al final acabé con uno de ellos en mi cama. ¡Parece que me cogió
hasta por las orejas!. Con lo borracha y caliente que andaba, me valió madre y
me dejé hacer de todo. Me la metió hasta que se cansó por todos lados. Al otro
día me tocaron a la puerta, ya el compañero se había ido, al abrir era él, mi
Papito Lindo, que venía a reconciliarse conmigo. Me eché en sus brazos feliz;
pero me olió y me empezó a revisar los agujeros y la cama. Hasta en las orejas
me encontró mocos de otro (no me acuerdo que me lo hayan hecho por ahí, quién
sabe) y en la cama muchos pelos... y yo estoy completamente depilada, sólo tengo
cabello y cejas. Cómo le explicaba, sólo me puse a llorar, echándole a él la
culpa de lo que pasó, qué más me quedaba; pero de nada me sirvió. Me pateó, me
revolcó, me arrastró de las greñas por toda la casa, me puso varias llaves de
lucha libre, me rebotó contra las paredes y me azotó varias veces en el suelo.
Me dejó allí y se fue diciéndome de todo y que ahí no acababa esto, que cuando
me le cruzara en su camino me iba a madrear otra vez.



Hasta que llegó mi hijo de la escuela al medio día vino una
ambulancia por mí. Hundimiento de cráneo, fractura de brazo izquierdo y
dislocación de tobillo derecho. Hematomas en ambos ojos y desviación de tabique
nasal. Eso es lo que los socorristas de la cruz roja vieron a simple vista. En
el hospital me encontraron la falta de dos piezas dentales y golpes internos
varios. A pesar de las recomendaciones para denunciar a quien me golpeó así, no
lo hice. Jamás le levantaría la mano a Mi Amorcito. Mucho menos cuando yo fui la
culpable. Él siempre se a portado hermoso conmigo y con mi hijo. Yo fui la
caliente y la pendeja que lo provocó. Mucho menos conociéndolo. Capaz que cuando
salga me busca y me deja peor, si no es que desde adentro me manda tupir la
madre.



Después vino otra tragedia, mi madre falleció. Tuve que
acudir al pueblo sola, ya que mi hijo estaba en clases; después de más de 20
años sin volver ni por la feria tuve que regresar para los funerales. Todo pasó
sin mayores contratiempos. Sepultamos a nuestra Madre y me quedé con ellos unos
días. No había problema, la que no me quería ahí era mamá, Q. E. P. D.



Allí me encontré con mi primo Paco, mis hermanos Rosa y
Javier, y mi papá. además la familia ya creció. Rosa se casó hace 10 años, ya
tenía un hijo varón; de quién creen? Claro! De Paco... es el vivo retrato de él.
Ya tiene 14 años. Desde luego sólo el esposo no sabe de quién es. A solas le
pregunté si seguía teniendo relaciones con el primo y me dijo que sí. Que le era
muy difícil prescindir de los 25 centímetros que tiene Paco por delante. Que su
marido no está nada mal, pero que ella de vez en cuando, necesita sentirse bien
rellena del camote que tan feliz la ha hecho desde que tenía 10 años. Platicamos
de aquellos tiempos con gusto y malicia. Recordamos cuando éramos niñas, cuando
yo tenía 12 y ella 10, del desmadre que hacíamos ya por ese entonces con Paco.
De cómo nos impresionaba verle le vergota bien parada y como él disfrutaba de
enseñárnosla y luego, al poco tiempo, de como lo masturbábamos y nos hacía
chupársela. De cómo a mí me daba miedo que me la fuera a meter y a ella le
valió, y a los 12 años se dejó coger por él y acabó en el hospital bien
reventada. Le dije que de veras estaba pendeja para haberse dejado meter
semejante camotón. Que, o era muy pendeja o era muy puta. Con cierta molestia,
que a mí me pareció envidia, me reclamó que yo tampoco no me medía, que de qué
me admiraba, si me metí con Paco y también con papá y con Javi, nuestro hermano,
y por eso me había corrido mamá de la casa.



Le aclaré que ella no me corrió, que yo me fui sola. Le
expliqué lo del plan de papá de ponerme casa en la Capital del estado y hacerme
su mujer y lo entendió. Me confió que cuando me fui del pueblo, a vivir con
nuestra hermana al norte, mi papá andaba muy raro. Como desesperado. Que la
empezó a visitar a ella por las noches en su cuarto y le metía mano. Que con el
paso del tiempo él agarró confianza y como ya no era virgen, se metía en su cama
desnudo y le sacaba los calzones, que lo sentía como se recostaba detrás de
ella, pero Rosa se hacía siempre la dormida. Que mi papá le pasaba toda la verga
por la cola y la vagina y se venía a chorros, dejándoselas bien embarradas.
Tiempo después se la cogió. Dice que aunque sintió la cosa de papá muy gruesa
cuando le iba entrando, ya después se le acostumbraba y se la cogía varias veces
en la noche. Que incluso él la movía y la ponía boca arriba y le pasaba la
vergota por la cara y se la quería meter por la boca. Que papá le abría las
piernitas y se la iba metiendo poco a poco, hasta adentro. Papá era muy animal
para tratar a las mujeres, sin importar la edad de ellas. Que a veces la
aplastaba mucho, como que no se medía y se la cogía muy recio, como desesperado.
Que ella siempre se hizo la dormida, y papá cuando terminaba le dejaba dinero, a
veces mucho, y ella nunca se quejó. Que pensaba que mamá se daba cuenta, pero
que nunca le reclamó nada.



Que Javier también sabía lo de papá y ella. Que él también
quería con ella, pero le tenía mucho miedo a papá. Que se limitaba a enseñársela
cuando podía, que se masturbaba delante de ella y echaba bastante leche, pero
que nunca se aventó a acercársele para que se la tocara. Que la que lo sacaba de
apuros era Chuya (Ma. de Jesús), una ahijada de mis papás, que en ese entonces
tendría 9 años. Javi le enseñó a mamársela y jalársela cuando iba por la casa.
Que aunque ella fuera con su mamá, el cabrón de mi hermano la encerraba con él
en su cuarto, mientras platicaban mamá y su comadre, y ahogaba de verga a la
niña. Rosa se asomaba para espiarlos y veía como Javier hacía como quería a la
pobre chiquilla. Que a veces se le hacía que la iba a asfixiar con su camote, de
tan fuerte que se la metía y se la sacaba por la boquita. Que a Chuya le gustaba
mucho lo que le hacía mi hermano, pues siempre que llegaban de visita lo iba a
buscar primero que a nadie.



Le pregunté por Paco. Le dije que lo había encontrado muy
gordo. Me dijo que tomaba mucho, que ya era alcohólico, pero que seguía teniendo
aquello bien grande, y a los 45 años seguía siendo el campeón del pueblo. Que
tenía viejas con hijos por todos lados, casadas y solteras, incluyéndola a ella
misma. Que lo buscaban mucho por su vergona de colección. Que a veces su esposo
se iba de viaje a la Capital, y ella se llevaba a mi primo a la casa y se lo
cogía durante días, hasta que le sacara lumbre por la panocha. Que su hijo no
decía nada, porque ya lo tenía bien aleccionado. Rosa ya estaba enviciada con la
vergota de Paco, me dijo que aunque la llegara a pescar su marido con él, nunca
iba a dejar de coger con el primo. Que le valía madre su esposo, porque no era
capaz de hacerle nada, también le tenía mucho miedo a papá.



Me platicó que Javier, nuestro hermano y Paco, no se podían
ver. Que desde que me fui yo, ellos ya nunca se vieron como lo que son. Que se
evitaban. Luego, algunos años después para acabarla de chingar, Javier se casó
con una jovencita muy linda, Ma. Elena. -Era una señorita muy seria y calmada, y
estaba muy bonita. Chaparrita y muy blanca. Con muy buen cuerpo, chichona y
caderona. Al año de casarse tuvieron una niña y todo estaba muy bien, hasta que
Javier la encontró con Paco en su propia cama, con su niña de brazos junto a
ellos. Era cosa de poco tiempo para que la pescara, estaba loca por Paco, no se
cuidaba. La cabrona, cuando se encerraba con el primo a coger, gritaba como si
la estuvieran matando, parecía ambulancia. Todos escuchábamos perfectamente
cuando le gritaba: -¡Haaay papacito, qué vergota tienes, me matas... me matas...
aaahhh, aaahhh.... no me la saques por favor, rómpeme toda con tu vergota...
aaagghhh... haaay... Paaacooo.... aaaagghhh.... mátame con ella... aaaahhh! -No
decíamos nada (me decía Rosa) por no provocar una tragedia, pero ella se exponía
mucho. Mamá y yo le decíamos que se cuidara más, que si la llegaba a sorprender
Javier se la iba a chingar; pero ella sólo se quedaba callada, no nos respondía
nada, como si estuviera idiota. No nos respondía grosera, simplemente no nos
respondía. Escuchaba atenta todo lo que le decíamos, pero no nos contestaba
nada.



-La verga de Paco la tenía enferma, ahí como la ves de
calmadita y seria, estaba enloquecida con el garrote del primo, peor de
enviciada que yo!, me decía mi hermana. --Alguna vez los llegué a ver cogiendo.
No tenía límites, hasta con su niña acostada a su lado en la cama lo hacía. Ni
se fijaba en que la bebita jugaba con su sonaja, y Ma. Elena a su lado montada
sobre Paco bien encajada en los 25 cms de él, cabalgando bien fuerte para que le
llegara hondo, para sentirle la vergonona hasta las tetas, por dentro; se ponía
como loca la cabrona cuñadita. Gritando todo tipo de chingaderas, bien caliente,
se transformaba cuando Paco la tenía traspasada con su bestia. Hasta parecía
otra persona! Cuando Paco iba a venirse ella se le bajaba y le agarraba la
vergona y se la mamaba con furia y aquel, ya sabes cómo se viene, le bañaba
muchísimo toda la cara, el cabello y hasta a la pobre niña le caían los mocos
del primo. Claro, Javier los encontró una vez. Yo me fui tras él queriendo
calmarlo, pero nada, se me hace que ya sospechaba. De una patada tumbó la puerta
y entramos al cuarto. Ma. Elena estaba boca arriba en la cama, con las piernas
sobre los hombros de Paco, completamente ensartada, con la vergota de caballo
del primo casi saliéndole por el hocico, y lo peor con su hija recostada a su
lado. Se puso muy feo, casi los mata allí mismo. Desde entonces no hemos sabido
más de la cuñada ni de la niña. Se fue desde ese día, como siempre, calladita
calladita, la mosca muerta. Javier quedó muy afectado. El pinche de Paco salió
por patas, como siempre que la cagaba. Se perdió del pueblo más de un año. Para
cuando regresó ya Javier se había cogido a sus hermanas, ¿te acuerdas de ellas?
Laura Leticia y Lulis (Lourdes), la más chica.



Laura Leticia era más grande que nosotras, de la edad de
Javier. Era putísima!, (se los comento en Seré una Perra? – 4). Era conocida por
todo el pueblo por su gusto por la verga desde que era adolescente. Pero Lulis
era más o menos de la edad de Rosa, si no es que más chica, era la consentida de
la familia de Paco. Se lo pregunté a Rosa y me lo confirmó: - Sí. Lulis es como
dos o tres años menor que yo. Por entonces tenía no más de 14 años y Javier se
la estuvo cogiendo aquí en la casa, todo ese año que Paco huyó del pueblo. Mis
tíos venían a cada rato por ella y se les volvía a venir con mi hermano. Javier
se las gozó a las dos hermanas hasta que se cansó. Muchas veces a las dos
juntas. Salieron mucho más putas que nosotras, mana. Se aventaban unas orgías
bien gachas, encerradas por horas en el cuarto con Javi; y papá ni les decía
nada. Como eran sobrinas de mamá y Paco se la debía a Javier, él se hacía el
loco y hasta aplacaba a mamá cuando se quería meter a poner orden. A veces se
iban los cuatro en la camioneta, papá con ellos. Se me hace que se las llevaban
por ahi a hacer de las suyas, todos revueltos; yo creo que mi papá también les
atoraba su vergota con ellas, ya ves cómo la tiene. Han de haber estado felices,
el par de putitas, con el garrotón de su tío. ¿Tú crees que no? eran y son bien
putotas las cabronas primas. Y papá ya ves, nunca se le quitó lo cogelón.



-Apenas hace dos años que tuvimos que llevar a Martincito a
que lo operaran de la apéndice a la capital y estuvo internado tres días,
nosotros, papá y yo, nos hospedamos en un hotel y no hubo día que no me cogiera
como perra, me dio unas chingas que ya me le regresaba, te lo juro; me dejó bien
maltratada la pepea, y la boca entumida de tanto que me hizo que se la mamara.
La tiene demasiado gruesa, ya se la conoces. No llena, no pasan ni media hora de
que se vino en cantidad y ya te la quiere meter otra vez por la boca, para que
se la levantes, ¡hay papá! Y ya ves, ya va para los 60 años! Coge como cuando
tenía 35-40.



-Cuando regresó Paco vino muy enojado por Lulis, su hermana
consentida. Retó a Javier muy ofendido, según él. Papá salió con un machete y el
primo se rajó todo, casi se caga, ya ves como es nuestro padre. Le dijo que a
quién quería tantear, que si no se acordaba lo que le hizo a su hijos, o sea a
mí, a tí y a Javier, que no se hiciera pendejo. Que la muchacha no salía de allí
con él, y que él menos iba a entrar, que ni lo pensara. Que hasta que ella se
quisiera ir se iría. Y que mientras tanto Javier le seguiría dando uso. Que no
estuviera chingando y se fuera a rechingar a su puta madre, que no lo quería
volver a ver en su propiedad o le cortaba la cabeza con el machete. El joto de
Paco se fue con la cola entre las patas, sin hermana y todo pedorreado. A los
cuatro meses se fue Lulis, pero embarazada por Javier o papá, quién sabe, como
ya batallaban mucho para cogérsela por la barriga que ya tenía, la corrieron a
la chingada. O sea que yo tengo un hijo de Paco y Lulis uno de Javi, ¿qué te
parece el desmadre, mana?



Oye, pues no perdieron el tiempo! Cuántas cosas, qué bonita
familia, eh? Nos reímos bastante y seguimos conversando de todo lo que había
pasado en esos años.


Le pregunté si su hijo, Martín de 14 años ya, le había
heredado a su padre, Paco el primo, sus "cualidades", y me dijo que sí. Que el
niño tenía su buen pedazo a pesar de su corta edad. Curiosa le seguí preguntando
y diciéndole que no le creía y me respondió: -Deveras!, Maricarmen, la tiene muy
grande mi hijito. Ya ves que es muy flaco y largo de físico, pero de allá, huuuy
mana, se las carga mi Martín. Y también le heredó lo caliente al primo, seguido
anda con la verga parada. A veces lo he sorprendido en plena jaladera en el baño
o en su cuarto. Es más desde que te vio a ti, desde que llegaste, no te quita el
ojo de encima. Se me hace que ya está en su cuarto masturbándose por ti, es bien
fisgón y tú andas bien rabona cabrona. Todo el día anduvo detrás de ti,
mirándote y contemplándote como idiota mi hijito. ¿No lo notaste? Traía los
pantalones bien abultados.



Le respondí que no. Pero sí me había fijado en eso. Martín se
me quedaba mirando mucho, yo pensaba que por mi aspecto, diferente a las mujeres
del rancho. Si mi manera de arreglarme llama mucho la atención en la ciudad,
cuanti más en el pueblo. Traigo el cabello decolorado, algo más abajo de mis
hombros, lacio, siempre ando muy maquillada. Estoy estrenando "cara", me tuve
que arreglar la nariz, mi Amorcito me la rompió, y me quedó hermosa, mi rostro
cambió, me veo más jovencita y linda; y sí, tiene razón Rosa, uso las faldas y
los vestidos algo rabones. No "bien rabona", como ella dijo, pero para ellos la
altura de mis faldas sí es exagerada. En promedio las traigo 10 centímetros
sobre las rodillas y algo apretadas, pero como a mis 37 años sigo siendo muy
piernuda, en falda o vestido corto me veo muy buena; y más cuando estoy sentada,
las faldas me dan a media pierna y no me preocupo por estármelas bajando, ¿para
qué?, no tengo de qué avergonzarme, al contrario, me cuido mucho mis piernas.
Nunca necesité depilarme, sólo tengo una pelusita muy coqueta que aclaro y se me
ve divina. No tengo un gramo de celulítis, ni un solo defecto. Tengo muy buen
chamorro y mis muslos son llenos y desesperantes para los hombres, como cuando
era niña. Mis caderas son amplias y curvosas, mi cintura y vientre justos, a
pesar de la maternidad, y mis senos altos y duritos todavía. Además ese día
traía un vestido de botones al frente, completamente abrochado, pero el ultimo
botón estaba muy por encima del dobladillo. Se me abría mucho y dejaba ver más
arriba de la mitad del interior de mis muslos. Nunca usé fondo, no me gustan,
así que ante el más mínimo paso o movimiento que daba, quedaba expuesta de
piernas ante quien estuviera frente o al lado de mí.



Le seguí diciendo divertida a mi hermana que no le creía que
Martincito tuviera, para nada, la delicia que tenía nuestro primo Paco. Me
respondió que tanto no, pero ahi se daban. Le dije que era el amor de madre lo
que la hacía suponer tal cosa y me invitó a que fuera y lo verificara yo misma.
¿Y cómo? Le pregunté admirada. -No hay problema, me dijo, entra a su cuarto con
confianza. Yo ya lo he masturbado, me da cosa verlo con la hinchazón y yo misma,
su madre, lo he ayudado a descansarla, ni modo de dejarlo así, te digo que es
exagerado lo que tiene entre las piernas, y cuando se le pone así de tiesa, como
se la haz de poner tú cuando te mira, hasta le duele mucho, pobrecito. Es que
también sus testículos producen y cargan mucha leche y le molestan cuando anda
así. Anda ve, no hay problema, ve y cerciórate tú misma. Entra como que vas a
hablarle para cenar, ni toques la puerta.



¡¿Cómo crees?!, le respondí escandalizada por lo que me
estaba proponiendo. – Hay, no te hagas la santita conmigo. No hay bronca, te lo
juro. Me sentiría muy orgullosa de que vieras como mi nene es todo un hombre.
–Si apenas tiene 14, no la friegues, le dije ya muy incómoda –A esa edad tú y yo
ya sabíamos de esto, ya mamábamos vergas más grandes y de hombres mayores que mi
hijo; además te estoy diciendo que yo misma se la descanso, no te preocupes, no
te va a rechazar, además le gustas mucho a tu sobrino. ¡Aviéntate mujer!, ve y
confirma lo que te estoy diciendo, te vas a sorprender de la herencia de mi
hijo. Yo voy a hacer de cenar, ahi tú sabes, ya no lo pienses mucho porque ya no
ha de tardar en acabar.



Rosa se fue a la cocina y yo me quedé hasta temblando por lo
que me dijo, por su confianzuda invitación para visitar a mi sobrino en su
cuarto. Martín es un poco menor que mi hijo, pero más alto y delgado. Como dice
su mamá, flaco, huesudo. ¿Será por tanta masturbada que se da?, a lo mejor. No
sabía qué era mayor, si mi curiosidad o mi calentura. Tenía mucho tiempo sin una
buena verga. No había tenido sexo desde que, borracha, mi colega me partió el
culo, y hasta creo yo que las orejas también, si no ¿porqué traía semen allí?. 3
semanas y media en el hospital, luego la cirugía plástica y la incapacidad para
reponerme, ¡más de 2 meses sin verga! Ya me andaba.



Sin pensarle mucho, como dijo Rosa, me fui y me planté ante
la puerta cerrada de la habitación de Martincito, giré muy despacio la perilla
de la puerta y la abrí lentamente para que no escuchara. Estaba, efectivamente,
en trance maniobrando su bien hinchado pajarote, con los pantalones hasta las
rodillas, boca arriba en su cama y con los ojos cerrados, ni me sintió entrar.
Se jalaba muy lento, sin prisas. Como que estaba pensando en alguien que le
gustaba mucho. Cerré la puerta tras de mí y me le fui acercando paso a paso, de
puntitas. Cuando llegué a su lado me incliné y le pasé mi mano derecha por la
frente. Abrió su ojos, calmado pensando que sería su mamá, y se espantó cuando
vio que no; no podía creer que fuera yo. Quiso acomodarse los pantalones,
enderezándose para alcanzarlos, pero yo no lo dejé. Le seguí agarrando la cara y
diciéndole que se calmara y me enseñara lo que hacía, que tal vez yo lo podría
ayudar.



Con sus ojos muy abiertos me veía a la cara, tapándose con
las manos lo más que podía la verga, que se le salía por un lado de las manos y
por el otro, cuando trataba de cubrírsela de mi mirada interesada. Al
convencerme de que no se iba a dejar mirar allí fácilmente, me senté en la cama
y le agarré las manos y se las separé poniéndolas a los lados de su cuerpo.


La verga le cayó como desmayada, a medio parar sobre el bajo
abdomen y se deslizó sola hasta llegar a su pierna, encontrando su lugar
deteniéndose sobre su muslo, quieta. Le descansaba apoyada exactamente en la
línea donde termina la pierna y empieza el tronco, desde el centro del pubis
hasta salirle casi cuatro ó cinco centímetros de la parte externa del muslo. Y
eso que estaba amorcillada solamente, no la tenía bien parada. Me recordó la
vergona de Mi Amorcito, de unos 22 centímetros, sólo que mi sobrino la tiene
chueca, como su padre, Paco, y Mi Viejo la tiene derechita como varilla, como
varillón del 20, hay papacito ya lo voy a buscar ya no puedo estar sin él, sin
su vergota linda.



Martincito se veía raro. Tan flaco y con semejante animal.
Como que no checaba. Por eso le salía tanta porción de garrote por un lado del
cuerpo. No me pensaba salir de ese cuarto sin haberme metido completito ese
monstruo entre las piernas, a que le explorara los interiores de la panza y de
los intestinos a su tía. Cuando se calmó, le empecé a hablar con cariño y a
decirle que no se preocupara, que era la hermana de su mamá y que era como si
fuera ella, que se relajara. Me dijo con voz entrecortada que yo estaba mucho
más guapa que ella y le dije que sí, que siempre había sido así y que aún no
había visto nada, que si se calmaba, se dejaba hacer y hacía lo que yo le
dijera, lo dejaría ver mi cuerpo y hacer con él lo que quisiera. Con su silencio
y relajándose me dio a entender que estaba de acuerdo.



Le empecé a pasar mis largas uñas por el estómago y por el
pubis, rascándole también el chorizote y los huevos, sólo usando mis uñas. La
verga le empezó a reaccionar, se levantaba poco a poco como cañón de buque de
guerra. Se la tomé con una mano y se estremeció, sacando bien su abdomen,
seguramente sintiendo la diferencia de la suavidad y calor de mi mano y la de su
mamá. Cuando se le paró completita mi mano poco podía hacer para contenerla, la
curva del lomo era más pronunciada que la curva que recordaba en la vergona de
su papá. mi primo Paco. Tal vez como este niño es tan flaco, la verga se forza
más cuando le rodea el muslo. Porque esta criatura no tiene ningún atractivo, su
cara parece de caballo, está muy hocicón y dientudo. Su cuerpo es muy huesudo y
medio jorobado, en fin este muchacho es pura verga, es sólo una gran verga y
grandes y eficientes testículos, sólo eso.



Lo desnudé por completo y lo puse recostado en medio de la
cama, con sus piernas colgando y sus pies apoyados en el piso. Me puse sobre mis
piernas entre las suyas como geisha, y así lo empecé a masturbar con mis manos.
La vergona alcanzó casi el tamaño de la de su padre, 25 centímetros, pero no sé,
era como más compacta. Tal vez en un futuro llegaría a ser como, o mejor, que
aquella, pero por lo pronto esta estaba muy bien. Larga, gruesa y chueca, muy
chueca, ya la quería sentir adentro, quería saber como me raspaba por dentro de
la vagina y del culito...



 


Continuará...


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Relato: Sí, sí soy una perra
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